Natalia Gómez del Pozuelo

El otro día asistí con muchas ganas a una conferencia. Me interesaba MUCHO el tema y, sobre el papel, el conferenciante prometía. (No voy a dar datos porque no es necesario meterle el dedo en el ojo a nadie para que los demás extraigamos el aprendizaje).

El conferenciante tenía todo a su favor:

  • Una audiencia de más de 100 personas interesadas y “entregadas”.
  • Un tema interesantísimo.
  • Un gran conocimiento sobre él.

Además tenía muy buena pinta y era bastante guapo, lo que no es muy importante para hablar bien en público pero, de entrada, puede favorecer para dar una buena primera impresión.

¡Qué más se puede pedir! ¡Pero fue horrible!

Nos costó mucho esfuerzo aguantar hasta al final; nos fuimos en el turno de preguntas.

¿Por qué fue un desastre? Lo he estado pensando varios día y creo que hay un motivo fundamental y otros secundarios:

  • El conferenciante estaba TAN…

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