“Lía: Cuando Dios te da un Don, realmente te está dando un látigo…” II Parte

Cuando Dios te da un Don, también pone en tus manos un látigo y desde ese momento tienes que entender que vas a pasar gran parte de tu vida en sufrimiento…

“¿Crees que puedes estar allí desperdiciando todo lo que se te ha dado? Yo nunca estuve de acuerdo en que fueras tú la que se encargara de esos asuntos, pero él siempre confió en ti, veía en ti algo que yo nunca vi, y sinceramente no creo que veré nunca. Siempre me has parecido tan insignificante, mírate!… Todavía no has logrado superar tu conciencia humana, eres una vulgar marioneta de tus emociones, tus sentimientos te dominan! Así nunca vas a lograr el objetivo que nosotros esperamos! Tienes que despertar a tiempo porque si no lo haces… el destino se encargara de hacerlo, y créeme que no será fácil para ti, será muy doloroso… A mi realmente no me importa, para mi eres una más. Formas parte de un gran grupo, puedes ser sustituida rápidamente, pero tu ausencia alteraría el orden  que está establecido dentro de veinte años y ya no nos queda tiempo para enviar otra y que aprenda lo poco que has aprendido tú. Necesitamos ese equilibrio  para cuando hayan pasado veinte años en ese lado porque ya el plan ha sido trazado y nada puede cambiarse, pero sinceramente, no pensé que fueras tan torpe.  Debe existir una forma en la que podamos hacerte reaccionar, debe existir una manera en que voltees la mirada nuevamente hacia este lado, porque así debe ser, y así estuvo planeado incluso antes de que nacieras..”

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Muchas palabras que ella no entendía, un cuarto oscuro y una mirada de odio que no dejaba de atormentarla en una oscuridad espesa .. que sólo podía ser disminuida por algo que sólo pueden ser vistos como pequeños seres que esparcían unas luces extrañas desde su interior, ella no lograba entender lo que veía, mientras escuchaba esas voces, sólo notaba como esos pequeños seres se movían alrededor tratando de extinguir las sombras para que todo no se volviera una oscuridad absoluta. Eran palabras muy fuertes las que se escuchaban en un sitio que  no tenía sentido para Lía. Las dimensiones de tiempo y espacio de este lugar no eran naturales. Mientras la voz se escuchaba, los pequeños seres que tenían una figura de menos de sesenta centímetros se movían rápidamente por todo el espacio y alrededor de ella, como flotando, pero ella no sentía miedo por ellos, su miedo venía por esas palabras, por ese odio que sentía en cada manera de decirlas. Trataba de mirar, pero su mirada se desenfocaba a ratos, trataba de moverse pero no sentía su cuerpo, sólo sentía como si la cabeza le pesara mucho más que el cuerpo. En su interior percibía que las palabras venían de una mujer… o por lo menos era eso lo que le parecía. Las palabras que sentía no las escuchaba, como normalmente deberían hacerse de este lado, sólo las “sentía”… y ese sentimiento le decía que venían de un ser femenino, y también le advertían que ese ser estaba lleno de mucho odio, un odio que la asustaba por momentos.

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“Eres tan inútil… no aprendes Lía, todavía no sabes quién soy. Sólo por eso debería quitarte el regalo que te di hace dieciocho años antes de enviarte allá, pero he tenido que ser muy paciente contigo. Trescientos sesenta personas fueron enviadas contigo sólo ese año, y de ese grupo tú has sido la más lenta. Te ha costado adaptarte. Muchos ya están adelantados, y temo que llegado el día no estés preparada. Tengo que pensar en algo porque no puedo permitir que el plan que ya estaba previsto se detenga por tu humanidad intrascendente… eres torpe Lía.. eres muy torpe y tengo que encargarme de eso… “

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Había un sentimiento de asco que la invadía, era una sensación extraña,  quería escapar de aquel lugar extraño, pero sentía que debía escuchar. Había una parte de ella que entendía todo lo que estaba pasando. Incluso habían momentos en que sonreía porque todo esto le provocaba un extraño placer, era ese placer que daba la rebeldía, ir contra lo que esta planeado es algo que en el fondo Lía siempre disfrutaba, pero lo hacía de una manera inconsciente, y de “este lado”, esas eran una de las cosas que no la dejaban avanzar. Ella misma se ponía trabas, porque en el fondo sabía que lo que iba a hacer estaba muy mal aunque ese fuera su destino.

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