“Lía” … este es sólo el comienzo (de la primera parte)

Los momentos más oscuros la esperaban en el futuro, sin darse cuenta estaba siendo preparada para ser la principal responsable de una tragedia que ocurriría años más tarde. Siempre tranquila y muy sencilla, Lía pasaba sus días estudiando en la Universidad, pero algo siempre la atormentaba. Situaciones oscuras que no era capaz de contar a nadie por miedo a la burla y al rechazo social, Criada en una familia católica, siempre tuvo una tímida tendencia hacia Dios, pero en el fondo de su corazón dudaba de su propia fe. Esto la confundía y en ocasiones, cuando la visitaban en la noche, en su habitación tenía éstas conversaciones, pero era algo que olvidaba rápidamente al despertar al día siguiente.Imagen

Desde pequeña, Lía siempre era visitada por seres oscuros que en muchas ocasiones le advertían sobre el futuro, y se presentaban como sus fieles sirvientes. Ella nunca los recordaba, pero siempre despertaba con esa sensación de haber estado en una larga conversación hablando de temas puntuales.

Para Lía las clases llegaban a ser tediosas. La estadía en la Universidad se hacía pesada, y el constante aislamiento la hacían sentir incómoda. Lo que ella no sabía era que sus fieles sirvientes intervenían para que nadie se acercara. La necesitaban enfocada, y no podían permitir que ningún tipo de sentimiento la distrajese de su misión, una misión que le faltaban algunas décadas para ser cumplidas.

Su vida siempre fue muy solitaria, y la verdad no era algo que le molestara. De padres completamente entregados al trabajo y una familia lejana, sólo le quedaban sus pensamientos. Lograba estar cómoda consigo misma, aunque a veces cierta frustración la atormentaba. Una frustración que amanecía con ella cada día al no saber organizar tantos sentimientos que le inundaban la cabeza.

En el fondo sentía que pronto pasaría algo importante y ella sería parte importante de algo muy especial, pero a veces su mente humana la hacía sentir como una demente y sólo pensaba que estaba un poco depresiva. Pero lo que no sabía, era que precisamente su destino ya estaba trazado, y sólo era cuestión de años para que fuera llamada a cumplir lo que vino a hacer a esta Tierra. Ella, como muchos otros estaban esperando que ese día llegara. De una manera inconsciente el plan estaba trazado, en la profundidad de su mente, ella y los otros que vinieron en el mismo tiempo, sabían para lo que estaban predestinados, pero no era el momento de actuar, todavía no les estaba permitido avanzar.

Lía se desesperaba… Ella necesitaba respuestas, ya era hora de saber realmente lo que le estaba pasando. Habían voces en su cabeza, y esto la mortificaba por pensar que pudiera estar demente o sufrir algún tipo de alucinaciones producto de su soledad. Pero en su corazón sabía que su mente estaba sana, Era una sensación que la cubría completamente confirmándole que sus pensamientos no estaban del todo errados. Esa necesidad, ese llamado extraño que comenzó a sentir después de su décimo octavo cumpleaños, era algo que constantemente la mortificaba empujándola a actuar de maneras extrañas que ella nunca hubiera pensado. Ni siquiera contaba con el apoyo de alguien externo a sus pensamientos, nunca fue una chica de tener amigas, conocidas si.. pero no alguien a quien contarle todas esas situaciones raras que la rodeaban desde pequeña, esa persona no existía en su mundo.

Los que vinieron con Lía hace dieciocho años no estaban cerca, pero a veces ella lograba sentirlos, sabía que estaban vivos, a veces sentía su dolor, o su alegría, a veces también sentía que podía comunicarse con ellos. Algunas noches sólo por instinto cerraba sus ojos y veía muchas imágenes que no entendía, lo que ella no sabía, y de lo que se entero veinte años más tarde, es que esas imágenes pertenecían a personas que poblaban la Tierra y estaban en muchas partes del mundo preparándose como ella y esperando el momento de participar en ese evento especial para lo que habían sido enviados… pero eso fue algo de lo que se enteró mucho después cuando fue el momento adecuado.

Lo más importante de toda esta necesidad temprana, de estos deseos incomprendidos, de esta necesidad de hablar pero no saber de qué, es que éstas sensaciones la impulsarían poco a poco a su camino, el camino que recorrería durante veinte años y en el que conocería más de una persona que formaría parte de un interesante grupo que ya tenía un plan trazado, pero un plan que todavía ellos mismos desconocían y que saldría a la luz cuando todos estuvieran nuevamente reunidos.

Un día más, y ya Lía sentía en su corazón que un ciclo se cerraba, y que empezaría uno más difícil. No sabía de qué se trataba, pero en su interior sabía que las cosas comenzarían a cambiar. “Ya creciste niña, ya tu tiempo se esta acercando pero primero deberás probar que ya tu cuerpo y tu mente están listos para lo que se avecina” y con esas palabras despertó en su habitación sintiendo un dolor en el pecho que nunca olvidaría.

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