Lía: ¿Estás despierta?… abre los ojos. III Parte

Hay un grito extraño que viene de muy lejos, es como si de repente todas  las palabras se diluyeran en un gran remolino de sonidos que se mezclan unos con otros. Ella siente la necesidad de regresar pero hay algo que la  atrapa de aquel lado, algo que no la deja escapar hacía la realidad. Escucha que la llaman a lo lejos, pero no logra saber quién es, voltea buscando una cara conocida, pero no puede dejar de ver hacia adelante, alguien también le habla de aquel lado, le dice cosas muy duras que no termina de entender, o por lo menos no quiere aceptar. Sabe que es una mujer, o al menos eso le parece.Lo que no entendía era ese odio.

-“Lía! Lía!… Estás despierta?…”

Se escuchaba esa voz de nuevo, pero ella necesitaba terminar de escuchar a la otra, a la que le hablaba. Dentro de ella sentía la necesidad de recordar todo esto, sabía que estaba dentro de un sueño profundo, siempre le pasaba. Desde pequeña tenía estos extraños sueños con seres que le hablaban, sentía que pasaba largas horas con seres que le contaban cosas, pero siempre el final era el mismo, se despertaba y no recordaba nada. Lo que venía después era un sentimiento de frustración tan profundo, y sólo lograba sentir rabia con ella misma por no poder recordar algo que ella en el fondo sentía que era importante.

-“Lía! Hasta cuándo debo decirte que no debes cerrar tu puerta con llave! Sabes que no me gusta que te encierres! Despierta!”

La mamá de Lía siempre ha sido una mujer muy controladora. Siempre ha estado al pendiente de todas las cosas de su hija, en parte porque siente que es su deber, y en parte también porque cree que ella es un poco torpe y se le hace difícil adaptarse. Siempre crío a su hija con los mejores principios, dentro de una educación muy conservadora y siempre tratando de que no le faltara nada. Pero nunca dejo de sentir por Lía esa sensación de que su hija no era lo que ella esperaba. De alguna manera, Lía siempre ha sentido ese pequeño desprecio de su madre, pero son esas cosas que se sienten y se callan, esas pequeñas cosas de la que no hablas, porque en el fondo esperas que no sean ciertas. En el caso de Lía si eran ciertas. Muy a su pesar siempre ha tenido una especie de amor-odio con su madre que no podrá entender. A diferencia de muchas hijas, ella no pudo tener la opción de ser apegada a su padre, porque él siempre estuvo viajando para proveer lo mejor a su familia, como siempre decía constantemente en las pocas reuniones familiares a las que asistía.

En fin, que su padre de alguna manera siempre fue una figura ausente en su vida, y ella como  mujer fue acostumbrándose a eso. La única referencia afectiva cercana que tenía era ese extraño amor que sentía por su madre. No era un amor dulce, era un amor amargo, ella sabía que la quería, pero a veces se sorprendía deseando verla muerta. Esos pensamientos la asustaban un poco y trataba de convencerse de que todo era parte de su mente cansada.

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-“Lía!… Me molesta que no me respondas! Abre! Sé que estás despierta! Abre!

Por fin logró despertar, como siempre la atacó ese sentimiento de saber que estaba soñando con algo o con alguien, pero no recuerda mucho. A pesar de que esta vez trato de aferrarse a su sueño, a esas palabras que escuchaba, sólo le quedaba esa sensación de que algo muy malo la acechaba, alguien le decía cosas, pero nunca recordaba qué o quién lo hacía. Siempre despertaba con esa misma sensación en el cuerpo, esa sensación de escalofríos que te queda después de un gran susto. Su mamá gritando y golpeando al otro lado de la puerta, desesperada porque su hija no contestaba, no hacía más que atormentarla y hacerla responder en un tono de fastidio. Hasta que finalmente haciendo uso de todas sus fuerzas para no desesperar, se levantó y abrió saludando a su mamá con un gesto flojo, como de molestia y esperando que le dijera algo importante.

-“Hasta que por fin te da la gana de abrirme la puerta, no sé que ganas con ignorarme, lo que te quería decir es que espero que no faltes a tus clases, voy a salir de viaje y regreso en tres días,  te dejé la comida en el refrigerador lista para que sólo la calientes. Y come, porque a veces te veo y no dejo de pensar que estás enferma, te veo muy delgada.”

La abrazó, la besó  y se despidió. Ella sentía con esa despedida como si se quitara un gran peso de encima. Estar sin ella por tres días era como estar libre, una libertad que la reconfortaba. Lía no lo sabía conscientemente  pero su mamá ejercía en ella un extraño poder que la mantenía en un estado de sumisión constante. De allí, de ese sentimiento nace su amor-odio por una madre que en cierta forma no ha sido mala, pero de alguna manera ha castrado momentos importantes en su vida.

Una sensación de vacío y soledad, siempre la acompañaba como recordándole algo pendiente. Se asomaba a la ventana tratando de encontrar algo, una señal que le indicará qué era lo que estaba pasando. En el fondo sabía que pasaban cosas, pero no terminaba de entender por qué nunca recordaba nada, y parte de las respuestas estaban en sus sueños. Decidió salir, pero esta vez no iría a las clases de la Universidad, sentía que debía hacer otra cosa. Ese sentimiento de libertad que le dejó la despedida de su madre en la mañana, la alentó para ir por un camino diferente.  Hay un camino apartado cerca de su casa que conduce hacía una zona despoblada y sola, ella sabía de los peligros que la podían acechar estando sola, pero había una fuerza dentro de ella que le decía que las cosas estaban bien, y que de alguna manera “la protegían”.

Decidió entonces salir y caminar, dejar que sus pies la guiaran porque no quería hacer otra cosa, quería evadirse un rato, dejar de pensar… encontrar  las razones por las que estaba de este lado.

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Sin darse cuenta llegó a un lugar lleno de una vegetación increíble, árboles altos, extrañas flores…A pesar de no estar tan alejado de casa, ella nunca se había atrevido a llegar sola hasta allá.  Al fondo se podía escuchar el ruido de algunos autos que pasaban a gran velocidad, al parecer había una carretera cerca, lo cual le daba cierta seguridad por si algo salía mal. Había una fuerza en aquel lugar que era indescriptible, y por momentos pensó que la naturaleza le hablaba, eso la reconfortó porque ese sentimiento de soledad que siempre la acompañaba se disipaba sutilmente.

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Levantó la mirada y le pareció ver algo, o alguien que la observaba. No sintió miedo, sintió curiosidad, así que decidió acercarse. Mientras caminaba y se acercaba sentía como si por fin descubriría algo que le daría respuestas. Llegó, buscó entre los arbustos, incluso revisó entre los árboles, pero no logró ver nada, ella juraría que había visto algo moviéndose y estaba segura que no era un animal… de pronto a la distancia, vio con mucha sorpresa que había una especie de cueva que apenas lograba verse por la cantidad de hojas y arbustos que la rodeaban. Así que decidió acercarse, quería saber qué había del otro lado.

Las cuevas nunca han sido sitios en los que puedas confiar, son oscuras, y muchas veces pueden ser madrigueras de animales peligrosos. Todas éstas palabras resonaban en su cabeza. La razón se interponía sobre el deseo de continuar, ella necesitaba saber qué había dentro, era un llamado extraño, algo que la animaba a seguir. El peligro y la sensación de temor tomaban un significado distinto. Sólo el riesgo, la aventura, seguir adelante sin importar nada de lo que vendría… eso era lo único que le hacía avanzar.

Hay un olor a humedad. La tierra es blanda y a pesar de que el sitio está oscuro, la luz  del día alcanza a alumbrar parte de la entrada disipando las sombras. Al fondo hay un sonido extraño. Es como el sonido del agua corriendo, como el de una cascada. Es muy raro escuchar ese sonido dentro de un lugar tan pequeño, sin embargo la curiosidad hacía que avanzara un poco más. Las dimensiones de la cueva fueron cambiando, lo que al principio se mostraba como algo angosto, estrecho, de poca altura, poco a poco fue extendiéndose, alargándose,  ya podía estar perfectamente derecha dentro del lugar, sin encorvarse como lo hizo para poder entrar. La oscuridad era un poco más pesada, pero por alguna extraña razón todavía podía ver dentro de la cueva, y poco a poco fue acercándose al sonido que escuchó en un principio, y sin darse cuenta estaba frente a una especie de lago que brillaba inexplicablemente desde el interior y disipaba las sombras. Lía quedó sorprendida y no encontraba explicación alguna a una visión tan extraña como esa.

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Ella no lo notó pero detrás, al fondo, la sombra de alguien muy alto apareció de la nada y quedó suspendida en el espacio como observándola. Lía tuvo esa sensación de ser observada y volteó pero no alcanzó a ver nada. Sólo veía el agua, ese pozo de agua que de alguna manera la hipnotizaba hasta el punto de hacerla perder la noción del tiempo y le daba una tranquilidad que nunca había sentido. Hasta que de pronto sintió de repente como si alguien le agarraba por el hombro…

“¿Estás despierta? … abre los ojos.”

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