“Lía: Hice un pacto pacífico con el tiempo…” IV Parte

Hice un pacto pacífico con el tiempo, ni el me persigue, ni yo huyo de el, pero algún día nos encontraremos…

-“Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos Lía, en ese momento no tenías este cuerpo que tienes ahora y mucho menos usabas ese nombre. Recuerdo que eras muy distinta en ese entonces, y me prometiste que estabas determinada a venir a este lado a cumplir la tarea que se te había encomendado. Yo por supuesto te creí, y decidí enviarte con aquel grupo, y una de mis esperanzas…  recuerdo, es que fueras la mejor de todos. Al parecer mis esperanzas no se cumplieron, por lo que me han dicho, no has alcanzado la madurez que se necesita para lo que se acerca dentro de veinte años de tu tiempo. Quiero creer que no es así  y es por ello que decidí traerte hasta aquí. Puedes pensar ingenuamente que has venido sola, porque lo has querido, pero no es así. Ya deberías conocer algunos trucos del otro lado, mejor dicho, ya deberías recordarlos, pero me doy cuenta que no es así. De cualquier forma te he traído hasta aquí porque necesito que comiences con el trabajo que te toca realizar. El plan que ha sido trazado por muchos antes de mi ya comenzó a andar, y es necesario que algunas piezas comiencen a funcionar como se tenía previsto en la gran Era. En este momento te encuentras en un estado hipnótico, tu cuerpo está del otro lado, pero las aguas de este lago han permitido que tu mente sintonice con esta dimensión para poder escuchar mi mensaje. Es posible que cuando terminemos estés un poco confundida, pero despreocúpate, esta vez me aseguraré de que recuerdes todo, ya no podemos seguir esperando a que despiertes sola. Es necesario que comiences ya…”

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Lía no podía dejar de mirar el lago, en su interior brillaba una luz bellísima que mantenía sus ojos despiertos. Sentía que su mente no estaba allí, pero su cuerpo percibía cada centímetro que la rodeaba. Escuchaba las palabras de un hombre, o por lo menos, eso era lo que parecía. Entendía cada una de ellas, e incluso lo que más le agradaba, es que su voz era muy familiar. Lo que le parecía extraño, era que todo lo que decía no lo escuchaba, lo sentía, era como una trasmisión de pensamientos que iba y venía desde el centro de sus ojos. Sentía que la comunicación era tan fluida, tan perfecta, sin interferencias ni dobles sentidos, cada uno entendía perfectamente al otro, sin dobles mensajes ni malos entendidos, como pasaba cuando se comunicaba del “otro lado”.

-“Una vez más nos encontramos Omi,  es verdad que en ese momento te dije que estaba dispuesta a hacer todo cuanto se me pidiera. Estoy consciente de todo eso. Crees que no recuerdo nada, pero no es así. Dentro de mi sé cada una de las tareas que me comprometí a realizar junto al grupo. No he despertado del otro lado porque nada de lo que me dijeron era cierto. Yo pensé que llegaría a un lugar donde no existía ningún tipo de leyes,  donde los seres serían más primitivos. Pero me doy cuenta que no es así. Es por ello que una parte de mi se resiste a actuar. He observado por largo tiempo desde mi llegada cada situación y la verdad me sorprende lo que estos seres son capaces de hacer. Es verdad que son un poco primitivos, llegan a ser algo autodestructivos, pero creo que me falta tiempo para entenderlos. No creo que sea justo comenzar ahora.”

El cuerpo de Lía permanecía plácidamente frente al lago, parada con sus extremidades relajadas y la mirada fija, cualquiera que pudiera verla en ese momento observaría a una muchacha que sólo llevaba cinco minutos observando el agua. Pero realmente su placidez no correspondía a estar sólo cinco minutos frente al lago. Del otro lado habían pasado casi cinco horas, y mientras la mente de Lía permanecía de aquel lado, el tiempo transcurría de una manera diferente.

Ella discutía con Omi y trataba de convencerlo de cambiar los planes, pero todo era inútil. No había manera de que eso sucediera. Una vez que un plan es trazado es difícil borrarlo, ya está escrito, ya comenzó la cuenta regresiva.

“No tienes idea de lo que me pides Lía. Has sido muy rebelde al reconocer que siempre has estado al tanto de todo, pensamos que tu mente se había dispersado en la nube de emociones humanas que te envuelven. Pero ya me doy cuenta, que después de todo, no estaba equivocado. Sigues siendo la misma guerrera de aquella época. Lamentablemente lo que me dices no tiene ningún sentido. La decisión ya fue tomada por muchos, antes de mi, contradecirla en este momento sería violar el orden y ya sabes las consecuencias que eso traería a nuestra esfera. De ninguna manera voy a permitir que te interpongas en lo que ya está planeado. Debes avanzar y debes respetar tu misión o de lo contrario debes estar alerta a lo que te puede pasar del otro lado, recuerda que ese cuerpo que llevas no tiene tu verdadera fortaleza y el dolor que es propio de aquel lado, será insoportable para ti. No estás acostumbrada al dolor porque de este lado es algo que no existe, no trates de probarme, puedo ser  tu peor enemigo si tratas de intervenir en el camino.”

Han pasado mas de seis horas, y el cuerpo de Lía comenzaba a sufrir, su mente lo sentía del otro lado. El dolor, como bien decía Omi, comenzaba a hacer estragos, afectando la mente de Lía. En ese momento sintió una ira muy profunda al darse cuenta de lo vulnerable que era del otro lado, y tener que darle la razón a Omi sin poder defenderse, era algo a lo que no estaba acostumbrada. La comunicación se disipó como si de un sueño se tratase. Poco a poco la mente de Lía regresaba al otro lado, poco a poco, su mirada desenfocada volvía a ver las aguas, poco apoco su mente entraba en el cuerpo y se hacía consciente de todo a su alrededor.

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Cuando por fin regresó, Lía sintió un dolor tan fuerte en las piernas que simplemente cayó al suelo quejándose de los calambres. De repente todo iba y venía de una manera tan rápida, su mente se acomodaba a la realidad, y al mismo tiempo abandonaba otra realidad que ya conocía pero había olvidado. Un estado de conmoción la invadió, no sabía por momentos dónde se encontraba, ni qué había pasado. Incluso no recordaba cómo había llegado a aquel lugar. Estaba frente a una carretera, ya el Sol se estaba ocultando, sentía mucha hambre y sed.

-“¡El lago! ¡dónde está el lago!-  Volteó a su alrededor y detrás de ella sólo habían árboles, alguna vegetación, pero nada parecido a un lago. Poco a poco los recuerdos se iban armando en su cabeza. Poco a poco  iba recordando cómo había comenzado su día. Su mamá estaba de viaje y ella había decidido no asistir a la Universidad. Luego sintió ganas de salir. Recuerda la cueva y recuerda haber entrado, recuerda el lago y recuerda  que alguien le había tomado el hombro:

-¿Estás despierta? … abre los ojos.

-“Omi! Fue él! Él me llevó hasta el otro lado!

Como fue prometido, los recuerdos estaban intactos, recordaba absolutamente todo lo que había hablado con Omi. Recordó su misión y también recordó la amenaza que pesaba sobre ella si no la cumplía. Poco a poco los recuerdos iban acomodándose en la mente de Lía como las páginas de un libro.

Mientras se recuperaba y caminaba a casa totalmente adolorida y con hambre, descubría nuevamente con nuevos ojos el mundo que le rodeaba. De alguna manera su nueva consciencia veía con asombro el mundo donde había nacido hace dieciocho años.

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