“Lía: Antares, La Gran Estrella.” V Parte

Siempre observando el mismo color en ese cielo extraño, un color naranja muy pálido que la relajaba y le hacía olvidar tantas cosas. No quería asistir a la reunión, pero en el fondo sabía que debía ir porque desde pequeña había sido criada con un objetivo. Los grupos nacidos en esa fecha estaban destinados a asistir a esas reuniones. Pronto llegaría el día en que pondrían a prueba todo su conocimiento y salvarían, de cierta forma, el lugar donde habían nacido. Por ahora no podía dejar de mirar ese cielo con sólo tres lunas. Siempre le habían dicho que en una época pasada, eran cuatro lunas, pero al pasar del tiempo, una se desintegró, lo cual supuso un cambio climático devastador para la Estrella, y por ésta razón decidieron tomar medidas y preparar a las próximas generaciones para guiarlos y proteger Antares.

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Muchas cosas cambiaron en la Era en que la cuarta Luna desapareció. Había mucho temor al pensar que también desaparecerían las otras tres. La energía lunar siempre ha sido muy importante para el desarrollo de varias civilizaciones de la Estrella a través del tiempo. La pérdida de una sola, significó cambios drásticos en toda una cultura y por supuesto, ella, como joven, también fue afectada por esos cambios.

En su alma siempre ha guardado una justa tristeza por vivir una vida que no esperaba, por asumir una responsabilidad que no le pertenecía. Ella junto con un grupo de jóvenes fueron los elegidos de esa Era, para conseguir fuera de la estrella, lo que muchos no pudieron. Ha sido un camino difícil  pero en cierta forma la resignación y un cierto sentido de justicia por ayudar a su pueblo, le han permitido seguir adelante con mucha firmeza. Aunque en días como éstos se sintiera decaída  ella estaba decidida a seguir con el plan. Un plan que ya generaciones pasadas habían elaborado minuciosamente para ser entregados a las generaciones futuras.

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    – “Serket! No es momento para distracciones! Debes regresar al Ikú*, allá     te esperan, no entiendo qué es lo que tanto ves por esa ventana? ¿En qué piensas?  Acaso…¿ ya no quieres continuar?”

Le hablaban pero ella no escuchaba, por un momento quedó abstraída en tantos pensamientos, era como si no estuviera allí. Pensaba en cómo sería todo si esa Luna no hubiera desaparecido, ¿Cómo habría sido su vida? Era una pregunta que no salía de su cabeza, y en esos momentos le ganaba la nostalgia   Cuando por fin reaccionó vio que su compañero ya estaba casi listo para irse y trató de apurarse para alcanzarlo.

   -” A veces no te entiendo Serkis, a veces es como si te arrepintieras de todo lo que hacemos, llevamos mucho tiempo preparándonos para esto. Ahora apúrate que se nos hace tarde, ya sabes como se pone Omi cuando falta alguno de sus discípulos.”

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*Imagen: Ikú: Nombre propio que se la dan a grandes espacios de forma oval  destinados para el conocimiento, custodiado por los más sabios y ubicados en la parte norte de Antares, en los terrenos más altos.

Desde muy pequeña, Serket o Serkis como le llamaban cariñosamente, ya estaba siendo preparada junto a muchos otros para abandonar la Gran estrella de Antares. Las generaciones más viejas y más sabias, estaban encargadas de guiar a estos grupos preparándoles para insertarlos en una cultura muy distinta y por supuesto con un plan muy específico.

Existían varios grupos pequeños que conformaban al Gran Grupo. Serket estaba en el grupo “Guía”. Por su temperamento y sabiduría era perfecta para integrar este pequeño grupo, compuesto por jóvenes sabios capaces de guiar a un gran batallón por los caminos más oscuros, así como de saber inspirarlos para alcanzar la victoria. Habían otros grupos, estaban “los guerreros”, que serían los que se enfrentarían directamente a una batalla y estaban compuesto por los seres más altos y más fuertes, así como inteligentes al momento de crear tácticas de guerra. Estaban también los que manejaban los “secretos del tiempo y el espacio” y podían moverse en libertad por diferentes dimensiones, este grupo era muy especial compuesto por seres de menor tamaño, por lo general muy inteligentes y con muchos conocimientos gracias a su habilidad para conocer muchas culturas. Quedaban dos grupos, el de “los sabios Maestros”, en el que se encontraban los miembros más viejos y con mayor experiencia para dar consejos, y el grupo de los que “reparaban cosas” Ellos eran así como los Ingenieros, capaces de resolver cualquier problema que se les presentara a una de sus naves o implementos de defensa. Cinco grupos en total de setenta y dos almas cada uno. Trescientos sesenta seres destinados a una misión y por la que estarían preparándose por varias lunas.

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“Lía: Hice un pacto pacífico con el tiempo…” IV Parte

Hice un pacto pacífico con el tiempo, ni el me persigue, ni yo huyo de el, pero algún día nos encontraremos…

-“Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos Lía, en ese momento no tenías este cuerpo que tienes ahora y mucho menos usabas ese nombre. Recuerdo que eras muy distinta en ese entonces, y me prometiste que estabas determinada a venir a este lado a cumplir la tarea que se te había encomendado. Yo por supuesto te creí, y decidí enviarte con aquel grupo, y una de mis esperanzas…  recuerdo, es que fueras la mejor de todos. Al parecer mis esperanzas no se cumplieron, por lo que me han dicho, no has alcanzado la madurez que se necesita para lo que se acerca dentro de veinte años de tu tiempo. Quiero creer que no es así  y es por ello que decidí traerte hasta aquí. Puedes pensar ingenuamente que has venido sola, porque lo has querido, pero no es así. Ya deberías conocer algunos trucos del otro lado, mejor dicho, ya deberías recordarlos, pero me doy cuenta que no es así. De cualquier forma te he traído hasta aquí porque necesito que comiences con el trabajo que te toca realizar. El plan que ha sido trazado por muchos antes de mi ya comenzó a andar, y es necesario que algunas piezas comiencen a funcionar como se tenía previsto en la gran Era. En este momento te encuentras en un estado hipnótico, tu cuerpo está del otro lado, pero las aguas de este lago han permitido que tu mente sintonice con esta dimensión para poder escuchar mi mensaje. Es posible que cuando terminemos estés un poco confundida, pero despreocúpate, esta vez me aseguraré de que recuerdes todo, ya no podemos seguir esperando a que despiertes sola. Es necesario que comiences ya…”

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Lía no podía dejar de mirar el lago, en su interior brillaba una luz bellísima que mantenía sus ojos despiertos. Sentía que su mente no estaba allí, pero su cuerpo percibía cada centímetro que la rodeaba. Escuchaba las palabras de un hombre, o por lo menos, eso era lo que parecía. Entendía cada una de ellas, e incluso lo que más le agradaba, es que su voz era muy familiar. Lo que le parecía extraño, era que todo lo que decía no lo escuchaba, lo sentía, era como una trasmisión de pensamientos que iba y venía desde el centro de sus ojos. Sentía que la comunicación era tan fluida, tan perfecta, sin interferencias ni dobles sentidos, cada uno entendía perfectamente al otro, sin dobles mensajes ni malos entendidos, como pasaba cuando se comunicaba del “otro lado”.

-“Una vez más nos encontramos Omi,  es verdad que en ese momento te dije que estaba dispuesta a hacer todo cuanto se me pidiera. Estoy consciente de todo eso. Crees que no recuerdo nada, pero no es así. Dentro de mi sé cada una de las tareas que me comprometí a realizar junto al grupo. No he despertado del otro lado porque nada de lo que me dijeron era cierto. Yo pensé que llegaría a un lugar donde no existía ningún tipo de leyes,  donde los seres serían más primitivos. Pero me doy cuenta que no es así. Es por ello que una parte de mi se resiste a actuar. He observado por largo tiempo desde mi llegada cada situación y la verdad me sorprende lo que estos seres son capaces de hacer. Es verdad que son un poco primitivos, llegan a ser algo autodestructivos, pero creo que me falta tiempo para entenderlos. No creo que sea justo comenzar ahora.”

El cuerpo de Lía permanecía plácidamente frente al lago, parada con sus extremidades relajadas y la mirada fija, cualquiera que pudiera verla en ese momento observaría a una muchacha que sólo llevaba cinco minutos observando el agua. Pero realmente su placidez no correspondía a estar sólo cinco minutos frente al lago. Del otro lado habían pasado casi cinco horas, y mientras la mente de Lía permanecía de aquel lado, el tiempo transcurría de una manera diferente.

Ella discutía con Omi y trataba de convencerlo de cambiar los planes, pero todo era inútil. No había manera de que eso sucediera. Una vez que un plan es trazado es difícil borrarlo, ya está escrito, ya comenzó la cuenta regresiva.

“No tienes idea de lo que me pides Lía. Has sido muy rebelde al reconocer que siempre has estado al tanto de todo, pensamos que tu mente se había dispersado en la nube de emociones humanas que te envuelven. Pero ya me doy cuenta, que después de todo, no estaba equivocado. Sigues siendo la misma guerrera de aquella época. Lamentablemente lo que me dices no tiene ningún sentido. La decisión ya fue tomada por muchos, antes de mi, contradecirla en este momento sería violar el orden y ya sabes las consecuencias que eso traería a nuestra esfera. De ninguna manera voy a permitir que te interpongas en lo que ya está planeado. Debes avanzar y debes respetar tu misión o de lo contrario debes estar alerta a lo que te puede pasar del otro lado, recuerda que ese cuerpo que llevas no tiene tu verdadera fortaleza y el dolor que es propio de aquel lado, será insoportable para ti. No estás acostumbrada al dolor porque de este lado es algo que no existe, no trates de probarme, puedo ser  tu peor enemigo si tratas de intervenir en el camino.”

Han pasado mas de seis horas, y el cuerpo de Lía comenzaba a sufrir, su mente lo sentía del otro lado. El dolor, como bien decía Omi, comenzaba a hacer estragos, afectando la mente de Lía. En ese momento sintió una ira muy profunda al darse cuenta de lo vulnerable que era del otro lado, y tener que darle la razón a Omi sin poder defenderse, era algo a lo que no estaba acostumbrada. La comunicación se disipó como si de un sueño se tratase. Poco a poco la mente de Lía regresaba al otro lado, poco a poco, su mirada desenfocada volvía a ver las aguas, poco apoco su mente entraba en el cuerpo y se hacía consciente de todo a su alrededor.

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Cuando por fin regresó, Lía sintió un dolor tan fuerte en las piernas que simplemente cayó al suelo quejándose de los calambres. De repente todo iba y venía de una manera tan rápida, su mente se acomodaba a la realidad, y al mismo tiempo abandonaba otra realidad que ya conocía pero había olvidado. Un estado de conmoción la invadió, no sabía por momentos dónde se encontraba, ni qué había pasado. Incluso no recordaba cómo había llegado a aquel lugar. Estaba frente a una carretera, ya el Sol se estaba ocultando, sentía mucha hambre y sed.

-“¡El lago! ¡dónde está el lago!-  Volteó a su alrededor y detrás de ella sólo habían árboles, alguna vegetación, pero nada parecido a un lago. Poco a poco los recuerdos se iban armando en su cabeza. Poco a poco  iba recordando cómo había comenzado su día. Su mamá estaba de viaje y ella había decidido no asistir a la Universidad. Luego sintió ganas de salir. Recuerda la cueva y recuerda haber entrado, recuerda el lago y recuerda  que alguien le había tomado el hombro:

-¿Estás despierta? … abre los ojos.

-“Omi! Fue él! Él me llevó hasta el otro lado!

Como fue prometido, los recuerdos estaban intactos, recordaba absolutamente todo lo que había hablado con Omi. Recordó su misión y también recordó la amenaza que pesaba sobre ella si no la cumplía. Poco a poco los recuerdos iban acomodándose en la mente de Lía como las páginas de un libro.

Mientras se recuperaba y caminaba a casa totalmente adolorida y con hambre, descubría nuevamente con nuevos ojos el mundo que le rodeaba. De alguna manera su nueva consciencia veía con asombro el mundo donde había nacido hace dieciocho años.

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Lía: ¿Estás despierta?… abre los ojos. III Parte

Hay un grito extraño que viene de muy lejos, es como si de repente todas  las palabras se diluyeran en un gran remolino de sonidos que se mezclan unos con otros. Ella siente la necesidad de regresar pero hay algo que la  atrapa de aquel lado, algo que no la deja escapar hacía la realidad. Escucha que la llaman a lo lejos, pero no logra saber quién es, voltea buscando una cara conocida, pero no puede dejar de ver hacia adelante, alguien también le habla de aquel lado, le dice cosas muy duras que no termina de entender, o por lo menos no quiere aceptar. Sabe que es una mujer, o al menos eso le parece.Lo que no entendía era ese odio.

-“Lía! Lía!… Estás despierta?…”

Se escuchaba esa voz de nuevo, pero ella necesitaba terminar de escuchar a la otra, a la que le hablaba. Dentro de ella sentía la necesidad de recordar todo esto, sabía que estaba dentro de un sueño profundo, siempre le pasaba. Desde pequeña tenía estos extraños sueños con seres que le hablaban, sentía que pasaba largas horas con seres que le contaban cosas, pero siempre el final era el mismo, se despertaba y no recordaba nada. Lo que venía después era un sentimiento de frustración tan profundo, y sólo lograba sentir rabia con ella misma por no poder recordar algo que ella en el fondo sentía que era importante.

-“Lía! Hasta cuándo debo decirte que no debes cerrar tu puerta con llave! Sabes que no me gusta que te encierres! Despierta!”

La mamá de Lía siempre ha sido una mujer muy controladora. Siempre ha estado al pendiente de todas las cosas de su hija, en parte porque siente que es su deber, y en parte también porque cree que ella es un poco torpe y se le hace difícil adaptarse. Siempre crío a su hija con los mejores principios, dentro de una educación muy conservadora y siempre tratando de que no le faltara nada. Pero nunca dejo de sentir por Lía esa sensación de que su hija no era lo que ella esperaba. De alguna manera, Lía siempre ha sentido ese pequeño desprecio de su madre, pero son esas cosas que se sienten y se callan, esas pequeñas cosas de la que no hablas, porque en el fondo esperas que no sean ciertas. En el caso de Lía si eran ciertas. Muy a su pesar siempre ha tenido una especie de amor-odio con su madre que no podrá entender. A diferencia de muchas hijas, ella no pudo tener la opción de ser apegada a su padre, porque él siempre estuvo viajando para proveer lo mejor a su familia, como siempre decía constantemente en las pocas reuniones familiares a las que asistía.

En fin, que su padre de alguna manera siempre fue una figura ausente en su vida, y ella como  mujer fue acostumbrándose a eso. La única referencia afectiva cercana que tenía era ese extraño amor que sentía por su madre. No era un amor dulce, era un amor amargo, ella sabía que la quería, pero a veces se sorprendía deseando verla muerta. Esos pensamientos la asustaban un poco y trataba de convencerse de que todo era parte de su mente cansada.

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-“Lía!… Me molesta que no me respondas! Abre! Sé que estás despierta! Abre!

Por fin logró despertar, como siempre la atacó ese sentimiento de saber que estaba soñando con algo o con alguien, pero no recuerda mucho. A pesar de que esta vez trato de aferrarse a su sueño, a esas palabras que escuchaba, sólo le quedaba esa sensación de que algo muy malo la acechaba, alguien le decía cosas, pero nunca recordaba qué o quién lo hacía. Siempre despertaba con esa misma sensación en el cuerpo, esa sensación de escalofríos que te queda después de un gran susto. Su mamá gritando y golpeando al otro lado de la puerta, desesperada porque su hija no contestaba, no hacía más que atormentarla y hacerla responder en un tono de fastidio. Hasta que finalmente haciendo uso de todas sus fuerzas para no desesperar, se levantó y abrió saludando a su mamá con un gesto flojo, como de molestia y esperando que le dijera algo importante.

-“Hasta que por fin te da la gana de abrirme la puerta, no sé que ganas con ignorarme, lo que te quería decir es que espero que no faltes a tus clases, voy a salir de viaje y regreso en tres días,  te dejé la comida en el refrigerador lista para que sólo la calientes. Y come, porque a veces te veo y no dejo de pensar que estás enferma, te veo muy delgada.”

La abrazó, la besó  y se despidió. Ella sentía con esa despedida como si se quitara un gran peso de encima. Estar sin ella por tres días era como estar libre, una libertad que la reconfortaba. Lía no lo sabía conscientemente  pero su mamá ejercía en ella un extraño poder que la mantenía en un estado de sumisión constante. De allí, de ese sentimiento nace su amor-odio por una madre que en cierta forma no ha sido mala, pero de alguna manera ha castrado momentos importantes en su vida.

Una sensación de vacío y soledad, siempre la acompañaba como recordándole algo pendiente. Se asomaba a la ventana tratando de encontrar algo, una señal que le indicará qué era lo que estaba pasando. En el fondo sabía que pasaban cosas, pero no terminaba de entender por qué nunca recordaba nada, y parte de las respuestas estaban en sus sueños. Decidió salir, pero esta vez no iría a las clases de la Universidad, sentía que debía hacer otra cosa. Ese sentimiento de libertad que le dejó la despedida de su madre en la mañana, la alentó para ir por un camino diferente.  Hay un camino apartado cerca de su casa que conduce hacía una zona despoblada y sola, ella sabía de los peligros que la podían acechar estando sola, pero había una fuerza dentro de ella que le decía que las cosas estaban bien, y que de alguna manera “la protegían”.

Decidió entonces salir y caminar, dejar que sus pies la guiaran porque no quería hacer otra cosa, quería evadirse un rato, dejar de pensar… encontrar  las razones por las que estaba de este lado.

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Sin darse cuenta llegó a un lugar lleno de una vegetación increíble, árboles altos, extrañas flores…A pesar de no estar tan alejado de casa, ella nunca se había atrevido a llegar sola hasta allá.  Al fondo se podía escuchar el ruido de algunos autos que pasaban a gran velocidad, al parecer había una carretera cerca, lo cual le daba cierta seguridad por si algo salía mal. Había una fuerza en aquel lugar que era indescriptible, y por momentos pensó que la naturaleza le hablaba, eso la reconfortó porque ese sentimiento de soledad que siempre la acompañaba se disipaba sutilmente.

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Levantó la mirada y le pareció ver algo, o alguien que la observaba. No sintió miedo, sintió curiosidad, así que decidió acercarse. Mientras caminaba y se acercaba sentía como si por fin descubriría algo que le daría respuestas. Llegó, buscó entre los arbustos, incluso revisó entre los árboles, pero no logró ver nada, ella juraría que había visto algo moviéndose y estaba segura que no era un animal… de pronto a la distancia, vio con mucha sorpresa que había una especie de cueva que apenas lograba verse por la cantidad de hojas y arbustos que la rodeaban. Así que decidió acercarse, quería saber qué había del otro lado.

Las cuevas nunca han sido sitios en los que puedas confiar, son oscuras, y muchas veces pueden ser madrigueras de animales peligrosos. Todas éstas palabras resonaban en su cabeza. La razón se interponía sobre el deseo de continuar, ella necesitaba saber qué había dentro, era un llamado extraño, algo que la animaba a seguir. El peligro y la sensación de temor tomaban un significado distinto. Sólo el riesgo, la aventura, seguir adelante sin importar nada de lo que vendría… eso era lo único que le hacía avanzar.

Hay un olor a humedad. La tierra es blanda y a pesar de que el sitio está oscuro, la luz  del día alcanza a alumbrar parte de la entrada disipando las sombras. Al fondo hay un sonido extraño. Es como el sonido del agua corriendo, como el de una cascada. Es muy raro escuchar ese sonido dentro de un lugar tan pequeño, sin embargo la curiosidad hacía que avanzara un poco más. Las dimensiones de la cueva fueron cambiando, lo que al principio se mostraba como algo angosto, estrecho, de poca altura, poco a poco fue extendiéndose, alargándose,  ya podía estar perfectamente derecha dentro del lugar, sin encorvarse como lo hizo para poder entrar. La oscuridad era un poco más pesada, pero por alguna extraña razón todavía podía ver dentro de la cueva, y poco a poco fue acercándose al sonido que escuchó en un principio, y sin darse cuenta estaba frente a una especie de lago que brillaba inexplicablemente desde el interior y disipaba las sombras. Lía quedó sorprendida y no encontraba explicación alguna a una visión tan extraña como esa.

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Ella no lo notó pero detrás, al fondo, la sombra de alguien muy alto apareció de la nada y quedó suspendida en el espacio como observándola. Lía tuvo esa sensación de ser observada y volteó pero no alcanzó a ver nada. Sólo veía el agua, ese pozo de agua que de alguna manera la hipnotizaba hasta el punto de hacerla perder la noción del tiempo y le daba una tranquilidad que nunca había sentido. Hasta que de pronto sintió de repente como si alguien le agarraba por el hombro…

“¿Estás despierta? … abre los ojos.”

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“Lía: Cuando Dios te da un Don, realmente te está dando un látigo…” II Parte

Cuando Dios te da un Don, también pone en tus manos un látigo y desde ese momento tienes que entender que vas a pasar gran parte de tu vida en sufrimiento…

“¿Crees que puedes estar allí desperdiciando todo lo que se te ha dado? Yo nunca estuve de acuerdo en que fueras tú la que se encargara de esos asuntos, pero él siempre confió en ti, veía en ti algo que yo nunca vi, y sinceramente no creo que veré nunca. Siempre me has parecido tan insignificante, mírate!… Todavía no has logrado superar tu conciencia humana, eres una vulgar marioneta de tus emociones, tus sentimientos te dominan! Así nunca vas a lograr el objetivo que nosotros esperamos! Tienes que despertar a tiempo porque si no lo haces… el destino se encargara de hacerlo, y créeme que no será fácil para ti, será muy doloroso… A mi realmente no me importa, para mi eres una más. Formas parte de un gran grupo, puedes ser sustituida rápidamente, pero tu ausencia alteraría el orden  que está establecido dentro de veinte años y ya no nos queda tiempo para enviar otra y que aprenda lo poco que has aprendido tú. Necesitamos ese equilibrio  para cuando hayan pasado veinte años en ese lado porque ya el plan ha sido trazado y nada puede cambiarse, pero sinceramente, no pensé que fueras tan torpe.  Debe existir una forma en la que podamos hacerte reaccionar, debe existir una manera en que voltees la mirada nuevamente hacia este lado, porque así debe ser, y así estuvo planeado incluso antes de que nacieras..”

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Muchas palabras que ella no entendía, un cuarto oscuro y una mirada de odio que no dejaba de atormentarla en una oscuridad espesa .. que sólo podía ser disminuida por algo que sólo pueden ser vistos como pequeños seres que esparcían unas luces extrañas desde su interior, ella no lograba entender lo que veía, mientras escuchaba esas voces, sólo notaba como esos pequeños seres se movían alrededor tratando de extinguir las sombras para que todo no se volviera una oscuridad absoluta. Eran palabras muy fuertes las que se escuchaban en un sitio que  no tenía sentido para Lía. Las dimensiones de tiempo y espacio de este lugar no eran naturales. Mientras la voz se escuchaba, los pequeños seres que tenían una figura de menos de sesenta centímetros se movían rápidamente por todo el espacio y alrededor de ella, como flotando, pero ella no sentía miedo por ellos, su miedo venía por esas palabras, por ese odio que sentía en cada manera de decirlas. Trataba de mirar, pero su mirada se desenfocaba a ratos, trataba de moverse pero no sentía su cuerpo, sólo sentía como si la cabeza le pesara mucho más que el cuerpo. En su interior percibía que las palabras venían de una mujer… o por lo menos era eso lo que le parecía. Las palabras que sentía no las escuchaba, como normalmente deberían hacerse de este lado, sólo las “sentía”… y ese sentimiento le decía que venían de un ser femenino, y también le advertían que ese ser estaba lleno de mucho odio, un odio que la asustaba por momentos.

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“Eres tan inútil… no aprendes Lía, todavía no sabes quién soy. Sólo por eso debería quitarte el regalo que te di hace dieciocho años antes de enviarte allá, pero he tenido que ser muy paciente contigo. Trescientos sesenta personas fueron enviadas contigo sólo ese año, y de ese grupo tú has sido la más lenta. Te ha costado adaptarte. Muchos ya están adelantados, y temo que llegado el día no estés preparada. Tengo que pensar en algo porque no puedo permitir que el plan que ya estaba previsto se detenga por tu humanidad intrascendente… eres torpe Lía.. eres muy torpe y tengo que encargarme de eso… “

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Había un sentimiento de asco que la invadía, era una sensación extraña,  quería escapar de aquel lugar extraño, pero sentía que debía escuchar. Había una parte de ella que entendía todo lo que estaba pasando. Incluso habían momentos en que sonreía porque todo esto le provocaba un extraño placer, era ese placer que daba la rebeldía, ir contra lo que esta planeado es algo que en el fondo Lía siempre disfrutaba, pero lo hacía de una manera inconsciente, y de “este lado”, esas eran una de las cosas que no la dejaban avanzar. Ella misma se ponía trabas, porque en el fondo sabía que lo que iba a hacer estaba muy mal aunque ese fuera su destino.

“Lía” … este es sólo el comienzo (de la primera parte)

Los momentos más oscuros la esperaban en el futuro, sin darse cuenta estaba siendo preparada para ser la principal responsable de una tragedia que ocurriría años más tarde. Siempre tranquila y muy sencilla, Lía pasaba sus días estudiando en la Universidad, pero algo siempre la atormentaba. Situaciones oscuras que no era capaz de contar a nadie por miedo a la burla y al rechazo social, Criada en una familia católica, siempre tuvo una tímida tendencia hacia Dios, pero en el fondo de su corazón dudaba de su propia fe. Esto la confundía y en ocasiones, cuando la visitaban en la noche, en su habitación tenía éstas conversaciones, pero era algo que olvidaba rápidamente al despertar al día siguiente.Imagen

Desde pequeña, Lía siempre era visitada por seres oscuros que en muchas ocasiones le advertían sobre el futuro, y se presentaban como sus fieles sirvientes. Ella nunca los recordaba, pero siempre despertaba con esa sensación de haber estado en una larga conversación hablando de temas puntuales.

Para Lía las clases llegaban a ser tediosas. La estadía en la Universidad se hacía pesada, y el constante aislamiento la hacían sentir incómoda. Lo que ella no sabía era que sus fieles sirvientes intervenían para que nadie se acercara. La necesitaban enfocada, y no podían permitir que ningún tipo de sentimiento la distrajese de su misión, una misión que le faltaban algunas décadas para ser cumplidas.

Su vida siempre fue muy solitaria, y la verdad no era algo que le molestara. De padres completamente entregados al trabajo y una familia lejana, sólo le quedaban sus pensamientos. Lograba estar cómoda consigo misma, aunque a veces cierta frustración la atormentaba. Una frustración que amanecía con ella cada día al no saber organizar tantos sentimientos que le inundaban la cabeza.

En el fondo sentía que pronto pasaría algo importante y ella sería parte importante de algo muy especial, pero a veces su mente humana la hacía sentir como una demente y sólo pensaba que estaba un poco depresiva. Pero lo que no sabía, era que precisamente su destino ya estaba trazado, y sólo era cuestión de años para que fuera llamada a cumplir lo que vino a hacer a esta Tierra. Ella, como muchos otros estaban esperando que ese día llegara. De una manera inconsciente el plan estaba trazado, en la profundidad de su mente, ella y los otros que vinieron en el mismo tiempo, sabían para lo que estaban predestinados, pero no era el momento de actuar, todavía no les estaba permitido avanzar.

Lía se desesperaba… Ella necesitaba respuestas, ya era hora de saber realmente lo que le estaba pasando. Habían voces en su cabeza, y esto la mortificaba por pensar que pudiera estar demente o sufrir algún tipo de alucinaciones producto de su soledad. Pero en su corazón sabía que su mente estaba sana, Era una sensación que la cubría completamente confirmándole que sus pensamientos no estaban del todo errados. Esa necesidad, ese llamado extraño que comenzó a sentir después de su décimo octavo cumpleaños, era algo que constantemente la mortificaba empujándola a actuar de maneras extrañas que ella nunca hubiera pensado. Ni siquiera contaba con el apoyo de alguien externo a sus pensamientos, nunca fue una chica de tener amigas, conocidas si.. pero no alguien a quien contarle todas esas situaciones raras que la rodeaban desde pequeña, esa persona no existía en su mundo.

Los que vinieron con Lía hace dieciocho años no estaban cerca, pero a veces ella lograba sentirlos, sabía que estaban vivos, a veces sentía su dolor, o su alegría, a veces también sentía que podía comunicarse con ellos. Algunas noches sólo por instinto cerraba sus ojos y veía muchas imágenes que no entendía, lo que ella no sabía, y de lo que se entero veinte años más tarde, es que esas imágenes pertenecían a personas que poblaban la Tierra y estaban en muchas partes del mundo preparándose como ella y esperando el momento de participar en ese evento especial para lo que habían sido enviados… pero eso fue algo de lo que se enteró mucho después cuando fue el momento adecuado.

Lo más importante de toda esta necesidad temprana, de estos deseos incomprendidos, de esta necesidad de hablar pero no saber de qué, es que éstas sensaciones la impulsarían poco a poco a su camino, el camino que recorrería durante veinte años y en el que conocería más de una persona que formaría parte de un interesante grupo que ya tenía un plan trazado, pero un plan que todavía ellos mismos desconocían y que saldría a la luz cuando todos estuvieran nuevamente reunidos.

Un día más, y ya Lía sentía en su corazón que un ciclo se cerraba, y que empezaría uno más difícil. No sabía de qué se trataba, pero en su interior sabía que las cosas comenzarían a cambiar. “Ya creciste niña, ya tu tiempo se esta acercando pero primero deberás probar que ya tu cuerpo y tu mente están listos para lo que se avecina” y con esas palabras despertó en su habitación sintiendo un dolor en el pecho que nunca olvidaría.

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